Lo cachondo del Carnaval y los disfraces

16 Feb

Este finde puede ser extraordinario. Una vez pasado el romanticismo y los tonos cálidos de un San Valentín bastante gélido en cuanto a temperaturas (i’m a single lady), se avecinan unos días la mar de divertidos. No digo que el amor no sea divertido, es más, debería serlo pero Carnaval… ¡Carnaval son risas y payasadas por doquier!

¿Quién quiero ser hoy? Es la pregunta recurrente. ¿De qué me disfrazo? Por un día (o por varios si eres fiestero) tienes la oportunidad de ser héroe o villano, un personaje histórico, un espécimen de ficción, una leyenda del espectáculo… o simplemente, otro. Pero por mi experiencia, creo que lo mejor del Carnaval es la representación que hace uno mismo de su disfraz.

Me explico. Como todo en la vida, la actitud es lo que cuenta. Disfraces de león, de indio, de robot o de Napoleón; disfraces de pirata, de hada o de momia. Los puedes comprar, alquilar o hacértelos tú mismo. Y si el maquillaje está logrado, puedes ser el rey o reina del mambo. Pero lo divertido, lo cachondo, el motivo por el que realmente deseamos que llegue Carnaval es utilizar ese disfraz para hacer el tonto, hacer mucho el chorra imitando al personaje… hacer el gilipollas, vamos. ¿O no? ¡El disfraz más creativo siempre viene acompañado por una interpretación sublime de quién lo lleva!

Por ejemplo, yo he estado en un bar celebrando Carnaval y de repente he notado algo en los pies: era una chica disfrazada de gusano reptando por el suelo. ¡Eso es meterse en el papel! ¿Y qué me dices del mosquito tigre? Sólo necesitas unas alitas, un pico a modo de aguijón en la nariz… y un peluche pequeño de tigre encima de la cabeza. ¿Otro? Una camiseta de un color cálido con una gran letra A en el pecho, dos antenitas sobre un casco abierto de moto y ya tienes a la Hormiga Atómica.  ¿Ya has visto la foto que nos hicimos para Halloween? Y si quieres algo más discreto, una peluca o unas gafas graciosas como complemento pueden dar el pego. Pero tienes que creértelo y desde aquí te animo a perder la vergüenza y disfrutar, porque no todos los días vas disfrazado por la calle (bueno, algunos estilistas de moda, o tu madre cuando eres adolescente, te dirían que sí) y porque… porque… ¡porque es tan absurdo como divertido! Y unas risas nos vienen bien a todos. Quizá estés pensando que el tonto lo hacemos a diario más de una vez seguro, pero Carnaval parece que nos escuda, nos justifica y nos lo permite. ¡Viva Carnaval!

Yo ya tengo pensado mi disfraz. ¿Tú qué tienes en mente?

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